Mucac La Coracha proyecta la obra 'Epilogue' del artista chileno Alfredo Jaar - AYUNTAMIENTO
MÁLAGA 27 Ene. (EUROPA PRESS) -
Mucac La Coracha acoge en la proyección del audiovisual Epilogue (1998), del artista Alfredo Jaar (Santiago de Chile, 1956), que podrá visitarse en el Espacio Audiovisual del museo hasta el 1 de marzo.
La obra forma parte de la Colección MEIAC, Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (Badajoz). Con este préstamo, el MUCAC La Coracha continúa fomentando la colaboración con museos e instituciones museísticas como uno de sus ejes estratégicos.
Alfredo Jaar es uno de los artistas contemporáneos latinoamericanos más influyentes a nivel internacional. Formado en cine y arquitectura, ha desarrollado una trayectoria marcada por una profunda reflexión crítica sobre el poder de las imágenes, el papel de los medios de comunicación y la responsabilidad ética tanto de quienes producen como los propios consumidores de las imágenes.
A través de la fotografía, el vídeo y la instalación, su trabajo cuestiona la indiferencia frente al sufrimiento humano y los límites de lo representable.
Instalado en Nueva York desde 1982, Jaar ha sido reconocido con numerosos premios y distinciones, entre ellos el MacArthur Fellowship Grant (2000), el Premio Internacional Fundación Hasselblad en Fotografía (2020) y el Premio Nacional de Artes Plásticas de Chile (2013).
Su obra forma parte de las colecciones de importantes instituciones internacionales como el Museo Reina Sofía de Madrid, Museum of Modern Art y el Guggenheim Museum de Nueva York, el Centre Pompidou de París, la Tate de Londres o el Stedelijk Museum de Ámsterdam, entre otros.
'EPILOGUE'
En 'Epilogue', Alfredo Jaar condensa una de las líneas centrales de su práctica artística: la reflexión sobre la memoria, la ausencia y los límites éticos de la representación del sufrimiento. La obra forma parte de The Rwanda Project (1994-2010), un extenso conjunto de trabajos surgidos tras el viaje del artista a Ruanda poco después del genocidio de 1994.
Con una puesta en escena austera y un ritmo pausado, el vídeo presenta una imagen fugaz: una figura femenina aparece gradualmente en el encuadre, permanece durante unos instantes y desaparece, dejando al espectador frente a una pantalla en blanco. Este gesto mínimo desplaza la atención del acontecimiento histórico hacia su resonancia emocional y política, propiciando una experiencia de contemplación íntima que interpela directamente a la mirada del espectador.
En coherencia con la crítica de Jaar a la saturación de imágenes y a la insensibilidad que esta puede generar, Epilogue elude la representación explícita de la violencia y opta por una estrategia de evocación y ausencia. La obra plantea así un final abierto que invita a reflexionar sobre aquello que no se muestra, pero que permanece latente y persistente en la memoria colectiva.