Imagen de algunos de los primeros 123 presos del Centro de Alta Contención y Crimen Organizado (CACCO) de Costa Rica. - MINISTERIO DE JUSTICIA Y PAZ DE COSTA RICA
MADRID 27 Oct. (EUROPA PRESS) -
El Gobierno de Costa Rica ha abierto las puertas del Centro de Alta Contención y Crimen Organizado (CACCO), penitenciaria inspirada en la famosa cárcel de máxima seguridad de El Salvador, con la entrada de los primeros 123 reclusos, replicando toda la parafernalia que el país vecino despliega en cada uno de sus traslados.
El ministro de Justicia, Gabriel Aguilar, ha declarado que este lunes ha sido un "día histórico para todo el pueblo de Costa Rica" y ha informado de que las tres primeras personas en entrar son los sospechosos del "cobarde homicidio" del oficial de la Policía Gerson Rosales, asesinado a mediados de mayo.
El anuncio del traslado ha sido ilustrado con imágenes de personas ataviadas con el reconocible mono naranja de presidiario, afeitándoles las cabezas, y fuertemente custodiados por agentes de las fuerzas de seguridad, tal y como ya se ha visto en otros vídeos del salvadoreño Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT).
"Durante años permitimos que las estructuras criminales pretendieran convertir nuestras cárceles en centros de operaciones para seguir delinquiendo. Con el CACCO estamos enviando un mensaje contundente: se acabó la alcahuetería (...) Esta obra es una respuesta firme para proteger a nuestras familias", ha afirmado Aguilar.
El CACCO tiene una capacidad para albergar a 5.100 personas, distribuidas en cinco módulos, cada uno de ellos con 17 celdas de aproximadamente 90 metros cuadrados en las que pueden encerrarse hasta 60 reclusos.
El Ministerio de Justicia ha explicado que estas instalaciones irán siendo ocupadas progresivamente para disminuir la sobrepoblación del 59% que que existe en otros centro penitenciarios hasta el 15%.
El 14 de octubre la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, inauguró el primer módulo del CACCO, ubicado en Alajuela, en el centro del país, cuya construcción ha costado 35 millones de dólares (31 millones de euros), siguiendo el modelo del presidente Nayib Bukele en El Salvador, imitado ya por varios gobierno en la región, o bien siendo parte de las promesas de muchos aspirantes.