Publicado 23/05/2026 14:10

Pere Romeu supera a su maestro Jonatan Giráldez

El entrenador del Barça Femení, Pere Romeu, levanta la Liga de Campeones Femenina ganada en Oslo (Noruega) ante el OL Lyonnes (4-0)
El entrenador del Barça Femení, Pere Romeu, levanta la Liga de Campeones Femenina ganada en Oslo (Noruega) ante el OL Lyonnes (4-0) - FCB

   BARCELONA, 23 May. (EUROPA PRESS) -

   El entrenador del Barça Femení, Pere Romeu, ha ganado el pulso con su excompañero en el club blaugrana Jonatan Giráldez, ahora entrenador del OL Lyonnes y quien fuera su primer entrenador en el Johan Cruyff, tras una final que parecía abierta pero que se llevaron las 'culers' por 4-0 gracias a una exhibición en la segunda parte en la final de Oslo (Noruega).

   Hace cinco años compartían pizarra. Uno tomaba las decisiones finales desde el banquillo y el otro ayudaba a construir los planes de partido desde un segundo plano. No se conocían antes de coincidir en el FC Barcelona, pero acabaron formando una de las sociedades técnicas más exitosas del fútbol femenino europeo.

   Este sábado, en Oslo, el discípulo derrotó al maestro. Pere Romeu conquistó la Liga de Campeones Femenina al frente del Barça y superó en la final a Jonatan Giráldez, el entrenador al que sucedió hace prácticamente dos años, dos cursos, en el cargo.

   Cuando Giráldez heredó el banquillo azulgrana en 2021 tras la salida de Lluís Cortés, Romeu formaba parte de su cuerpo técnico. El actual entrenador blaugrana acababa de regresar al club después de una aventura en Rumanía y se integró en un grupo de trabajo que acabaría marcando una época. Junto a ellos permanecía Rafel Navarro, pieza estable de una estructura que sobrevivió a los cambios de liderazgo.

   Durante tres temporadas, Giráldez y Romeu trabajaron codo con codo en la construcción del Barça que dominó Europa. El gallego asumía el foco mediático, mientras que Romeu participaba activamente en el desarrollo de entrenamientos, en la preparación táctica y en el diseño de los planes de partido. El propio técnico catalán ha reconocido durante esta semana que Giráldez le permitió involucrarse en muchas de las decisiones que más disfruta un entrenador.

   Pero en verano de 2024 los caminos se separaron. Giráldez aceptó la oferta del Washington Spirit y puso rumbo a Estados Unidos para iniciar una nueva etapa profesional dentro del ecosistema impulsado por Michele Kang, propietaria también ahora del OL Lyonnes. El Barça eligió entonces la continuidad y confió el proyecto a quien había sido una de las piezas más importantes del cuerpo técnico.

   La transición no era sencilla. Sustituir a un entrenador que había levantado dos Ligas de Campeones consecutivas suponía convivir con una comparación permanente. Romeu heredó una plantilla acostumbrada a ganar y tuvo que asumir nuevas responsabilidades. Ya no bastaba con centrarse únicamente en el césped. La gestión del vestuario, de los egos, de las dinámicas internas y de las decisiones finales pasó a depender exclusivamente de él.

   Sin embargo, el nuevo técnico nunca quiso ser una copia de su antecesor. Mantuvo la identidad futbolística del equipo, pero introdujo matices propios, especialmente en la metodología de trabajo y en la gestión diaria. El objetivo era seguir ganando, pero hacerlo con una voz propia, con savia nueva como Vicky López, el año pasado, y Clara Serrajordi, en esta campaña.

   Y la prueba definitiva llegó precisamente contra quien le abrió la puerta de la élite. Giráldez aterrizó este curso en el OL Lyonnes y volvió a demostrar por qué es uno de los entrenadores más cotizados del continente, guiando al conjunto francés hasta otra final europea. El destino quiso que ambos se reencontraran en el escenario más importante posible.

   Oslo presentó un duelo entre dos técnicos unidos por una misma escuela y una misma historia. Pero también entre dos entrenadores que hace tiempo dejaron de ser simplemente maestro y alumno. Porque Romeu ya no es el asistente que observaba desde el banquillo. Tras conquistar Europa en su segunda temporada como máximo responsable, puede presumir de haber completado el relevo más difícil posible.

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